'El hombre del norte', arrítmico canto a la épica vikinga

El pasado viernes llegó a las salas españolas una nueva superproducción yanqui: El hombre del norte (Robert Eggers, 2022). Es un largometraje de alto perfil que para su realización ha gozado de un presupuesto muy elevado, en torno a noventa millones de euros -oficialmente-. Esta astronómica cifra la utilizó su director para rodearse de un equipo muy cualificado, amén de un reparto de altura y los medios técnicos suficientes para rodar en los mejores escenarios sin necesidad de lonas verdes. Sin embargo, y para mi disgusto, en esta película se nos cuenta una historia malamente hilvanada que me hace pensar que en su misma esencia está su ruina. Pues, aunque no me ha decepcionado en su totalidad, El hombre del norte es un claro ejemplo de película fallida. Vayamos por partes.

The Northman se ambienta en la Islandia -tierra de vikingos- de finales del primer milenio, en torno a los siglos IX y X. Cuenta la historia de un príncipe cuyo padre, el Rey, es asesinado por su propio hermano en su sed de arrebatarle el trono. Tras lograr huir, el pequeño príncipe -pues aún es un niño- inicia una nueva vida de guerrero mercenario con la vista únicamente puesta en volver ya maduro a su tierra para vengar la muerte de su padre y salvar a su madre, que sin otro remedio se ha visto obligada a casarse con su antiguo cuñado. El protagonista, llamado Amleth, no deja de repetirse «te vengaré padre, te salvaré madre, te mataré Fjölnir».

Leído este breve resumen es fácil deducir que este esquema argumental es muy clásico, de los más repetidos a lo largo de la historia de la literatura primero, y del cine después: un personaje principal busca venganza después de que alguien en quien creía confiar le traicione y le obligue a huir. Es puro Shakespeare, no en vano el protagonista comparte nombre con Hamlet, solo que pasando la hache del principio de su nombre al final del mismo. Aquella obra de la que hablo, Hamlet, ha servido de inspiración en infinidad de ocasiones para construir nuevos relatos alrededor de su hilo argumental básico, que curiosamente William Shakespeare copió de una antigua leyenda nórdica sucedida siglos atrás.

Hasta aquí bien. He de decir -antes de empezar a despotricar- que la temática vikinga nunca me ha seducido, menos aún tras la sobreexplotación que ha sufrido este particular subgénero de acción-aventura en los últimos tiempos. Porque El hombre del norte es fundamentalmente eso, un film de acción y aventuras, aderezado con toques de fantasía. Promete un soplo de aire fresco al manido tema vikingo pero a mí me resulta una película poco excitante, de ritmo irregular, brillante en su envoltorio pero decepcionante al degustarla. Particularmente por su falta de fluidez narrativa. Y de esto tiene la culpa su director Robert Eggers.

Eggers es un cineasta joven, que antes de esta ha hecho dos películas bastante aclamadas: La bruja (2015) y El faro (2019). Ambas cintas ya compartían patrones comunes y un sello particular: escaso presupuesto, amplia libertad creativa y buena acogida de público y crítica. En cambio, para El hombre del norte Eggers contó con muchos más medios, lo que no siempre es positivo, pues también quedas sujeto a las exigencias de la productora. Tras un primer visionado de prueba esta obligó a Eggers a un nuevo montaje y redoblaje de los diálogos en estudio para hacerlos más accesibles. Cuando empezamos con estas imposiciones acabamos, como he dicho al principio, con una película fallida.

En un breve inciso, lo más destacado de El hombre del norte para mí gusto son las localizaciones -esos impresionantes paisajes nórdicos- y las interpretaciones de un reparto encabezado por Alexander Skarsgård, Anya Taylor-Joy, Nicole Kidman y Claes Bang. Todos dan la talla y la interpretación de Kidman es francamente escalofriante. Pero el manejo del director -que además coescribe el guión junto a un intelectual islandés- me resulta muy criticable: en su puesta en escena solo dos secuencias me resultan fascinantes. Estas son la aparición de los barcos en el río y el asalto a la empalizada.

Durante el resto del largometraje, Eggers nos castiga con una manía muy suya llevada al paroxismo: el empeño esteta de hacer planos centrales con cámara fija, algo muy de moda en los nuevos directores americanos pero especialmente cansino si se repite continuamente en el metraje. Este lunar artístico es pensamiento subjetivo mío, sin embargo, el pecado mortal de la película -objetivamente hablando- es su arritmia narrativa. La historia se cuenta a ritmo de montaña rusa lo que provoca que al espectador le cueste horrores entrar en ella -he aquí la clave-, ya que a una secuencia la mar de disfrutable le sigue otra de parón.

No critico que la película trate de ser fiel a la época y las costumbres vikingas, pues se nota que detrás de ella hay un amplio trabajo de investigación histórica, pero sí critico que esté reñida con el entretenimiento, pues la decisión de incluir ritos paganos y palabrería anacrónica me parece que no contribuye a hacer del film un espectáculo Made in Hollywood, más bien se queda a medio camino entre este paradigma y el del cine independiente más auténtico. Ambas opciones son aceptables, pero El hombre del norte es una película cuya identidad se queda en el limbo, en busca de una catarsis que, como a su protagonista, le cuesta encontrar.

Conclusión

The Northman no me ha enamorado pero, a pesar de sacarle fallos importantes, me ha parecido una película digna de ver y merecedora de cierto reconocimiento pues sus responsables consiguieron sacar adelante una historia que recrea una época dura y cruel con unos actores realmente implicados en el proyecto. Esto tiene mucho mérito en un tiempo de producciones basura en la que el abanico de propuestas de los grandes estudios cada vez es más reducido.

El hombre del norte no permanecerá mucho tiempo en mi cabeza pero el rato que pasé en el cine no se puede considerar tiempo perdido, no me arrepiento de haberla visto. Quizás es un peliculón que no alcanzo a divisar, pero el escaso atractivo que tienen para mí los vikingos y la mitología nórdica es un hándicap demasiado grande. Espero que encuentre su nicho de público. Mientras, yo no puedo darle ese estatus de 'gran película' u 'obra maestra' que tantos críticos otorgan tan a la ligera. En este tópico de venganzas medievales me quedo antes con El último duelo, estrenada el otoño pasado.

- Nota final 7.5/10 -

Comentarios

  1. Lo que me parece ridículo es el empeño en ver a los vikingos como unos milenials feministas recién salidos de la ducha.....eran unos predadores que robaban y mataban donde podían y huían (España) cuando les daban leña....
    Por cierto los primeros pobladores de Islandia eran monjes irlandeses

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    1. No cabe duda que eran unos trúhanes que se basaban en la ley del más fuerte, seguro que civilizar aquella isla costó horrores

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