'La crónica francesa', entre el agobio y el aburrimiento

La nueva película de Wes Anderson (El Gran Hotel BudapestMoonrise Kingdom) es una comedia que combina géneros y estilos a un ritmo extenuante. Me acerco a ver La crónica francesa (íd., 2021) como mi primera aproximación al cine de este peculiar director, aclamado especialmente en los sectores más hipsters de la crítica y en algunos círculos de Hollywood. Y salgo del cine totalmente abrumado, pero para mal. La cinta posee belleza en muchas de sus imágenes, pero la trama se desarrolla a un ritmo tan fatigoso, con cambios de perspectiva narrativa constantes, que se hace prácticamente imposible seguirla sin sufrir dolor de cabeza.

La historia se desarrolla en una ciudad francesa ficticia, a mediados del siglo XX, en la que tiene su sede un periódico estadounidense, cuyos reputados escritores publican de forma semanal reportajes sobre la vida en Europa en aquellos años. La película narra tres de esas historias: la de un psicópata encarcelado que se transforma en un brillante pintor -la más interesante, protagonizada por Benicio del Toro, Adrien Brody, Léa Seydoux y Tilda Swinton-, la de un joven revolucionario que se enamora -protagonizada por Timothée Chalamet, Frances McDormand y Lyna Khoudri- y la del secuestro del hijo de un superior de la policía -protagonizada por Jeffrey Wright, Mathieu Amalric, Stephen Park y Edward Norton-. A priori, una vez visto el tráiler y la cantidad de estrellas que pueblan su reparto, parece tener muy buena pinta, pero nada más lejos de la realidad, porque las maneras apresuradas de su director convierten la cinta en un laberinto angustioso.

En el plano interpretativo, me han gustado sobremanera los papeles de la súper prestigiosa Frances McDormand -ganadora de tres premios Óscar a mejor actriz protagonista- y de Adrien Brody -antiguo novio de Elsa Pataky-, un actor que a mí me encanta pero que trabaja a cuentagotas. McDormand hace de periodista que cuenta la historia del joven revolucionario, acaba liado con él, e interviene a favor en su lucha contra el poder establecido. Por su parte, Brody interpreta el papel de marchante de arte, de mecenas, que convierte al pintor loco de la primera historia en uno de los artistas más admirados del ficticio universo que crea la película. A decir verdad, el reparto de The French Dispatch, como he dicho antes plagado de estrellas de Hollywood, y en parte del cine galo, es una auténtica gozada, pero el uso que el director hace de él es como si pusiéramos a Brad Pitt a anunciar plantillas para pies. Totalmente desaprovechado. Supongo que muchos de ellos intervienen no porque les guste el guión cuando lo leen, sino porque conocen al propio director y no quieren hacerle el feo a un colega.

La película pretende ser un canto de amor al mundo del periodismo pero termina convirtiéndose en el pretexto para que Wes Anderson nos exhiba todo su talento para componer planos, cuanto más barrocos mejor. Ese es el punto fuerte de este realizador, pero su decisión de alternar entre la fotografía en blanco y negro y la fotografía a color arruina parte de esa belleza y la convierte en una película hueca. Creo que lo más lógico hubiese sido fotografiarla íntegramente a color para no volver loco al espectador en prácticamente todas las escenas. Anderson renuncia además a la regla de los tercios -situar a los personajes en las imaginarias líneas verticales que dividen la pantalla en tres-, para componer casi todos sus encuadres en perspectiva centrada y simétrica, algo que funciona bien siempre y cuando no se repita como un mantra a lo largo de todo el metraje, porque cansa.

Esta se siente como una película hecha por viñetas, repletas de tonos pastel, pero que falla al verse como un todo. Necesita un hilo conductor más potente. La mezcla de géneros, del drama romántico de la primera historia al thriller de la última, pasando por la comedia romántica de la segunda, está muy bien vista en el cine de hoy en día, pero este film no alcanza a captar el interés del que lo ve por la saturación que impone su discurso. La banda sonora, punto salvable, sí que me ha gustado, sobre todo el tema principal de la peli, que le proporciona un aire nostálgico.

Conclusión

Wes Anderson fracasa en el intento de convertirme en fan de su cine. La película, que fue presentada a concurso en Cannes y se fue de vacío, dividirá a la crítica y a los espectadores que se atrevan a ir a verla. Recomiendo paciencia a aquellos que lo hagan. La crónica francesa no me ha parecido mala, pero tampoco me ha convencido. No estoy acostumbrado a este estilo tan pesado, y espero que en el resto de su filmografía Anderson no se ensimisme tanto en estas ideas. Tendré que pensármelo dos veces antes de acudir a ver su siguiente proyecto, que rueda junto a sus habituales colaboradores en el madrileño municipio de Chinchón.

- Nota final 5.5/10 -

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