'Barbie' y 'Oppenheimer' no cumplen las expectativas
Hacía tiempo que en nuestra sociedad no se vivía un fin de semana de estreno con tal expectación -o hype que se dice ahora-. Pese a ciertas reticencias, se sabía que el 20 de julio era la fecha marcada en el calendario para el debut simultáneo de dos de las grandes superproducciones del año: Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023) y Barbie (Greta Gerwig, 2023). Una expectación prosaicamente incrementada por la opuesta base de fans de ambas películas -cada una de ellas identificable con un espectro ideológico-. En consecuencia, su estreno paralelo ha supuesto todo un acontecimiento social como lo fueron las últimas secuelas de Avatar o Spiderman en pasadas navidades. Esa dialéctica ha disparado el interés público por acudir al cine a verlas. Por consiguiente, es momento de analizar qué nos ofrece cada uno de estos blockbusters.
En cuanto a las sinopsis, Barbie es del género comedia con matices, incluye un obvio mensaje feminista, y no tiene problemas en reírse de sí misma. En esta película la célebre muñeca interpretada por Margot Robbie vive en un mundo ideal, de purpurina, bonito pero hueco. Cuando algo comienza a ir mal, debe viajar al mundo real para buscar soluciones, todo ello junto al estulto Ken -interpretado genialmente por Ryan Gosling-. De ahí en adelante ambos se embarcan en una disparatada aventura con un final más o menos feliz. Por su parte, en el drama Oppenheimer se nos cuenta la historia real del científico que en las postrimerías de la II Guerra Mundial desarrolló la bomba atómica. Una bomba que permitió firmar la paz tras arrasar con unas 200.000 vidas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Este hombre, al que da vida el peaky-blinder Cillian Murphy, no tiene reparos en opinar honestamente de otros asuntos. Lo que para su desgracia le cuesta la persecución ideológica cuando llega la Guerra Fría. Esa persecución pseudojudicial se convierte, inesperadamente, en el punto sobre el que pivota el resto de la trama.
Para mi estas películas no han cumplido las expectativas depositadas en ellas. Enseguida os digo por qué. Aunque primero quiero resaltar las cosas positivas. En Barbie me ha gustado la puesta en escena bastante imaginativa de su directora. Su capacidad para crear ese mundo de fantasía con una producción cuidada en todos los detalles. Hacernos ver que todo en Barbielandia es vano. También me ha parecido bueno el retrato que se hace de las emociones humanas y los estados de ánimo de sus personajes. Todos están bastante estereotipados y aún así se hace fácil empatizar con ellos y comprender sus sentimientos y motivaciones. En cuanto a Oppenheimer, lo que más me ha convencido es su espectacular reparto, repleto de actores de primera fila muy bien caracterizados -mención aparte para el turbio Ben Safdie-. El montaje de la película también está muy logrado, lo que hace al largometraje bastante ágil a pesar de sus tres horas. Por último, quiero destacar algunos bloques de escenas especialmente brillantes, como el ensayo de explosión de la bomba o los últimos momentos del enjuiciamiento en la oficina.
Ahora bien, creo que ambas películas incurren en varios defectos. Eso no las convierte en malas, pero sí que les restan varios puntos que dejan la nota final por debajo de la expectativa creada. En Oppenheimer nos encontramos fundamentalmente con un problema de narrativa. Como todas las creaciones de Christopher Nolan, está planteada a la carrera. Es decir, el argumento empieza poco a poco y según pasan los minutos la historia se va acelerando más y más hasta llegar a su clímax final. Va subiendo marchas. Ese es el mantra que aplicó en sus obras más conocidas como Origen (íd., 2010) o El caballero oscuro (íd., 2008). Sin embargo, aquí esa fórmula es óbice. Porque Oppenheimer es un drama, no un thriller, por lo que la receta correcta necesita un mayor equilibrio entre estructura y guión, entre forma y fondo. También creo que es una película a la que le sobran diálogos muchas veces incomprensibles y tópicos, que ocupan un hueco que estaría mejor cubierto con escenas épicas y espectaculares.
Por otra parte, en Barbie lo que menos me ha gustado es el ritmo machacón en su desarrollo. Al principio se sobrelleva bien, pero según pasamos el ecuador del metraje su discurrir se hace demasiado pesado con tanta persecución, tanto número musical y, sobre todo, tantas ideas repetidas. De todos modos, se le puede perdonar porque Barbie tampoco está planteada como una película seria al uso. Más bien como un divertimento, una película-acontecimiento, sin grandes pretensiones. De esto nos da una idea el hecho de que incluso en algún momento se sobrepase la cuarta pared. En definitiva, una cinta bastante abrumadora, que pretende funcionar por acumulación, pero que no permanecerá mucho en la retina.
Conclusión
Ninguna de estas dos películas me ha conmovido, ni me ha resultado especialmente interesante. Oppenheimer la considero una cinta notable por momentos, pero que en el conjunto general no ha cumplido las expectativas que había depositado en ella. A pesar de su gran reparto y ciertas escenas interesantes, le falta correlación forma-fondo. Por su parte a Barbie la considero excesiva en su desmadre. No persigue objetivos estrictamente cinematográficos. Dentro de unos años será considerada un claro testimonio de nuestra época.
Resulta bastante obvio que ambas películas están moviendo masas de gente al cine, y eso es lo que más me alegra. Personalmente no me arrepiento de haber visto ninguna, aunque sí que esperaba más de ellas. Un sabor agridulce que seguro que muchos de vosotros también experimentaréis.
- Nota final Barbie 6/10- + - Nota final Oppenheimer 7.5/10 -



Primero openheimer pero no me pienso perder ninguna
ResponderEliminarSalgo muy decepcionada de ver la primera
ResponderEliminarpones el tope muy alto
ResponderEliminarLa verdad no me motiva ver ninguna de las dos y no creo que las vea.
ResponderEliminarVistas las dos, solo puedo decir que coincido en gran parte en tu análisis. Sigue con el blog edu, te sigo desde el principio!!
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