'El último emperador', la gran caída del Imperio Chino

La película británica El último emperador (Bernardo Bertolucci, 1987) constituye un excepcional relato histórico que narra la biografía de Puyi, el último emperador de China, que vivió confinado en palacio hasta su vida adulta y al que varias revoluciones le privaron de sus poderes primero, y de su cargo después. El guión de esta cinta está adaptado de las memorias del propio emperador Puyi y, aunque se toma algunas licencias dramáticas, el largometraje resulta bastante fiel a los hechos históricos que se encarga de contar. El último emperador no deja de ser una rara avis dentro del mundo cinematográfico ya que es muy extraño que se hable de la historia de los pueblos asiáticos en las superproducciones occidentales, aunque existen excepciones como Gandhi (Richard Attenborough, 1982) o Kundun (Martin Scorsese, 1997), que también tienen un carácter biográfico.

La trama de El último emperador se basa en hechos reales. El director opta por dividir la historia en partes claramente diferenciadas sin perder la gran fluidez en el relato. De este modo, a lo largo de los 160 minutos de metraje asistimos a una narración de la vida completa de Puyi, el último emperador de China, sin tener la sensación de habernos perdido nada. Desde la llegada del mismo a palacio aun siendo un bebé, pasamos a sus primeros años de vida cuando los caprichos infantiles afloran -como hacer beber un frasco de tinta a uno de sus subordinados-, de ahí saltamos a su adolescencia y despertar sexual -ya es consciente del cargo que ocupa, no se siente del todo cómodo, y además le imponen un matrimonio de conveniencia- y luego la historia avanza hasta el comienzo de la madurez -cuando ya ha perdido todo su poder y privilegios, y es obligado a abandonar la Ciudad Prohibida-. Al final contemplamos el resto de su vida adulta, meramente convertido en símbolo y usado como títere por el poder político, hasta su destierro, paso por la cárcel y reinserción en la vida civil.

La película tiene un esquema muy definido, que se articula a través de flashbacks, ya que todos los hechos que acabo de relatar son contados por Puyi desde su encierro en la cárcel, mientras los funcionarios del Partido Comunista le interrogan por sus crímenes pasados. Así, a lo largo del largometraje y especialmente en la segunda parte del mismo, la alternancia entre su época como emperador y sus años como preso es constante y ambas fases se intercalan de forma perfecta. Todo esto implica que aunque la película sea un relato histórico, el espectador nunca se aburre ya que está perfectamente hilvanada. Sencillamente, es una obra redonda. Es tan buena que hay escenas que más adelante otros han copiado tal cual, como cuando el emperador niño sale riéndose a través de unas cortinas y descubre una gran explanada con todos sus sirvientes arrodillados; secuencia que fue utilizada en el mítico capítulo de Los Simpson en el que Homer es elegido como el líder de la secta de los canteros (06x12).

La puesta en escena del aclamado director italiano Bernardo Bertolucci es monumental. Aunque en el tramo final se vuelve más clásica, toda la parte de la historia que se desarrolla en el interior de la Ciudad Prohibida deja al espectador boquiabierto por la fastuosidad de los escenarios, con escenas para las que fueron necesarias hasta 19.000 extras, sin usar efectos digitales. Además, fue la primera vez que las autoridades chinas dieron permiso para rodar una película occidental en el interior de la auténtica Ciudad Prohibida, el complejo palaciego que durante casi 500 años fue la residencia oficial de los emperadores de China y de la que casi nunca podían salir, donde vivía una corte de casi 2.000 personas al servicio exclusivo del emperador. Bertolucci, que en aquel entonces llevaba seis años sin dirigir una película, logró un resultado envidiable, propio de un artesano del cine responsable de clásicos como Novecento (1900) (1976).

El reparto de El último emperador está muy bien escogido, lógicamente todo el elenco es de etnia asiática, a excepción del personaje de Peter O'Toole -el mítico Lawrence de Arabia, que aquí hace de tutor del emperador-. A Puyi lo interpretan diversos actores a lo largo del film, según las etapas de su vida, aunque el principal y más destacado es John Lone, que logra una composición magnífica que hace creíble al personaje en todo momento, es tan buena su interpretación que desafortunadamente ya quedó encasillado en este papel y no tuvo una carrera posterior muy brillante. La tercera pata del banco es Joan Chen, que interpreta a la bella Wan Rong, esposa del emperador, Chen hace muy buen trabajo porque además su personaje es el más sutil y el que expresa más emociones a lo largo de la cinta.

La verdad que la película está perfectamente realizada en todos los aspectos, pues en el resto de apartados técnicos solo encontramos virtudes: el ágil montaje, los magníficos vestuarios y decorados, la bella banda sonora, etc. Pero sobre todo destaca la fotografía de Vittorio Storaro, que logra unos encuadres magníficos e ilumina los interiores de forma maravillosa, no en vano es uno de los camarógrafos más respetados del mundo. La única mancha de la película es que la narración se puede volver demasiado esquemática en algunos tramos lo que hace que pierda algo de emoción, pero es algo que a mí solo me ha sucedido en cinco minutos de ciento sesenta por lo que considero a El último emperador como una de las grandes superproducciones de la historia del cine.

Conclusión

El film de Bernardo Bertolucci ha sabido aguantar el paso de los años y en una época, los años 80, en la que las películas se volvieron más comerciales que nunca, supo lograr un espectacular relato histórico con sello de autor que además funcionó muy bien en taquilla. Incluso, gracias el período temporal en que se desarrolla, puede servir para aprender un poco más de la historia de un país que hace cien años vivía en el feudalismo y hoy en día está a un paso de convertirse en la primera potencia mundial.

El último emperador consiguió práctica unanimidad en la crítica al considerarla una obra maestra. También es una de las cintas más premiadas de la historia, pues logró un pleno de nueve Óscar de nueve nominaciones, entre ellos mejor película, dirección, guión, fotografía, banda sonora, montaje, dirección artística, vestuario y sonido. También se llevó los premios gordos en los Globos de Oro, los BAFTA y los David di Donatello. En definitiva, una película irrepetible, maravilla del séptimo arte, que actualmente se puede ver mediante streaming en la plataforma Filmin.

- Nota final 9/10 -

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