'Un final made in Hollywood', ciego y acabado
La película Un final made in Hollywood (Woody Allen, 2002) es una comedia que, sin estar al nivel habitual de su director, es entretenida y graciosa a ratos. Supone una obra menor dentro de la carrera del realizador neoyorquino que, con el ritmo al que suele producir -una película cada año- es normal que confeccione obras maestras y films promedio, pero nunca malos. Allen arremete esta vez contra el mundo de los grandes estudios de cine cargado con su humor nervioso e irónico, muy mordaz. Como casi siempre, nos ofrece el pack completo: dirige, escribe el guión y protagoniza la película, esta vez junto a Téa Leoni.
Hollywood Ending cuenta la historia de Val Waxman, un director de cine de Nueva York que, tras saborear las mieles del éxito durante varios años, ahora ha caído en el olvido. Ni sus dos premios Óscar sirven de reclamo para que alguien le ofrezca trabajo más allá de rodar anuncios de desodorante. Su situación cambia cuando su exmujer y su actual novio, productores, le ofrecen dirigir una película de Hollywood de gran presupuesto que podría resultar un punto de inflexión y reflotar su hundida carrera. A Waxman no le queda más remedio que dejar atrás las rencillas personales y aceptar la suculenta oferta, que además le proporciona una gran libertad artística para hacer la película bajo sus estándares. Todo marcha bien hasta que repentinamente un día se queda ciego, sin embargo se lo calla para no ser despedido y continúa con su trabajo, lo que da pie a multitud de situaciones bastante graciosas.
Tengo que admitir mi debilidad por el cine de Woody Allen, al que considero mi director favorito junto a Pedro Almodóvar y Sergio Leone. Me resulta imposible ver una película suya sin una sonrisa en la boca. Sobre todo cuando las protagoniza él, porque su sola voz y sus tics nerviosos me provocan la misma carcajada que los tics que tenía mi profesor de matemáticas del instituto. El trabajo de Allen como actor es su faceta más infravalorada, yo creo que tiene un don natural para la comedia. Sus diálogos siempre son más divertidos cuando los protagoniza él, como esta conversación entre su personaje y el de su novia: «¿Qué haces en casa? Lo he dejado ¡Oh no, Val! ¡Otra vez! ¿Has dejado otro trabajo por nada? No ha sido por nada, tenía un motivo grave Oh, ¿cúal? Me despidieron, me pareció lo bastante grave como para dejarlo».
Su humor esta vez apunta directamente al establishment del mundo del cine, especialmente contra los estudios de Hollywood y sus productores, y en menor medida contra el público. La crítica es muy obvia, Allen identifica su yo con el protagonista de la película: director de cine, neoyorquino, menospreciado, narcisista, etc. Son rasgos comunes con su alter ego Val Waxman, por lo que su pulso a los estudios de cine en la ficción es también un nexo común con el Allen real. La crítica es personal, pues retrata a los productores de Hollywood como gente sin conocimiento a los que lo único que les importa son los billetes y salir guapos en las fotos. Hay un punto de la película en el que al «antagonista» directamente lo califica de subnormal. En plano general hace una crítica hacia el público, pues da a entender que ha perdido el favor de la audiencia porque esta se ha infantilizado -algo que si estaba de actualidad hace 20 años lo está aún más ahora- pero esa pérdida de favor también es una crítica a sí mismo, porque a pesar de considerarse un gran autor americano no ha sabido darse cuenta de lo que los espectadores demandaban. Es culpa suya, no pudo adaptarse al cambio.
Para dejar de lado estos aspectos abstractos, en el plano formal la fotografía de la película es muy cálida, repleta de lámparas que iluminan los interiores, esos tonos cálidos le confieren una gran proximidad y cercanía a la historia por lo que es difícil que el espectador pierda la atención. Gran acierto de su director de fotografía que le confiere una bonita textura al film. También me gusta que Allen arranque la película yendo directamente al grano, sin prólogos innecesarios ni un análisis de personajes exhaustivo. La banda sonora, repleta de jazz y saxofones, se disfruta en cada acorde.
Conclusión
Como me pasa (casi) siempre con sus películas, Un final made in Hollywood me ha gustado. No me ha parecido brillante, pero es una buena cinta. Woody Allen recurre al clásico tópico de su cine: hacer realidad los sueños del hombre corriente. Aquí vuelve a darse esta situación, justo en el clímax de la historia. Recuerdo como máximo exponente de este tópico el momento en el que en La rosa púrpura de El Cairo (íd., 1985) el coprotagonista entraba por error a un burdel y caía tan simpático a las señoritas que todas se lo querían hacer gratis.
Recomiendo esta película, que actualmente se encuentra disponible en Prime Video y Filmin, como complemento a otras de su filmografía pues -a excepción del momento en el que se reconcilia con su hijo- el desarrollo de la historia en los últimos 40 minutos tampoco me ha parecido magnífico. Estas cosas pasan cuando tienes el listón tan alto con este genio del cine que es Woody Allen. Aún así, el tipo nunca defrauda.
- Nota final 7.5/10 -
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