'Lamb', la madre del cordero

La película islandesa Lamb (Valdimar Jóhannsson, 2021) es una fábula que nos sumerge en la intriga y el terror de forma pausada y sin sobresaltos. Con una cuidada ambientación, solo tres personajes y gracias a la mezcla de elementos costumbristas y sobrenaturales consiguió alzarse como la gran triunfadora en el pasado Festival de Sitges, especializado en cine fantástico. Resulta ser la ópera prima de su director, que con habilidad consigue sumergirnos dentro de la trama. Sin embargo, Lamb pierde fuelle en el tramo final cuando se desvela la inevitable sorpresa que esperamos ver desde que los primeros elementos inexplicables aparecen.

El guión nos sitúa en las faldas de las remotas montañas islandesas, donde un matrimonio de granjeros se dedica a la cría de corderos. Padres de una hija que murió joven, ambos viven sumidos en la rutina y la desesperanza hasta que un día una de sus ovejas da a luz a un engendro mitad animal mitad humano que les devolverá la felicidad y a la que adoptarán y llamarán Ada. Cuando llega ese momento la cara del espectador cambia ya que hasta entonces estábamos viendo una película normal, un drama de dolor y pérdida, pero con ese hecho se incluye el componente sobrenatural. En ningún momento la cinta adquiere un tono discursivo ya que no se explica nada, todo hay que deducirlo. De ahí en adelante Lamb entra en una paranoia que mantiene al espectador en estado de perplejidad hasta su desenlace final.

Aunque el protagonismo recae en el tándem marido-mujer, en cierto punto aparece un tercer personaje, que busca refugio en la granja perseguido por sus deudas y su pasado, cliché habitual del cine. Ese hombre es el hermano del granjero y su inclusión acerca al espectador a la trama, ya que a él también le entra la sensación de incredulidad cuando ve por primera vez a su sobrina Frankenstein, con un brazo humano y el otro con pezuña, vestida y caminando a dos patas, mientras sus «padres» la tratan como si fuera humana. Gracias a él la perspectiva del espectador se refuerza, aunque solo sea durante unos minutos ya que, por convicción o conveniencia, también termina tratándola como su sobrina.

El trío protagonista lo componen la actriz sueca Noomi Rapace como María, la madre, y los islandeses Hilmir Snær Guðnason como Ingvar, el padre, y Björn Hlynur Haraldsson como Pétur, el tío. Los tres hacen unas interpretaciones bastante sobrias y contenidas en la línea de lo que es la película. Estos dos últimos solo son conocidos en su país mientras que Rapace sí que ha participado en producciones conocidas -habla cinco idiomas-, aunque su nombre hasta ahora no me sonara de nada.

De vuelta a la trama, el nombre de la niña-cordera, Ada, es el mismo que el de la hija que el matrimonio tuvo y que murió pequeñita. Antes decía que en esta película hay que deducir las cosas, no se dan mascadas, y esto se deduce de que a mitad de trama visitan un cementerio cerca de la granja familiar donde aparece una lápida con el nombre Ada. Esto abre una teoría para la explicación de la película que encaja bastante bien: tras haber sufrido el enorme dolor de perder una hija joven, marido y mujer tratan de redimirse mediante el trabajo duro y la fe como buenos cristianos. Pero un día el diablo, disfrazado de oveja, les entrega un regalo en forma de hija mitad animal-humana que para ellos es un salvoconducto hacia la felicidad, pero que a su vez rompe el orden natural de las cosas y que termina por convertirse en un regalo envenenado como vemos al final del todo. Porque el diablo siempre se cobra sus deudas.

Teorías aparte, en el aspecto técnico Lamb hace gala de una gran fotografía a cargo de Eli Arenson, que aprovecha al máximo los recursos de iluminación que ofrece la geografía islandesa: esa tundra repleta de verdes y grises, la niebla, el cielo gris perenne, las noches en las que es de día, etc. La localización es todo el rato la misma, la cámara se mueve poco pero saca gran partido al entorno que establece una clara conexión con las emociones de los protagonistas, ese hieratismo nórdico. Los colores pastel y grises encajan con el tono narrativo pausado y de desarrollo contenido.

Conclusión

Es raro encontrar un film islandés en la cartelera, de hecho este es el único que conozco. Lo que no quita que la experiencia en general haya sido gratificante. Lo mejor es la tensión en el desarrollo de la trama pues esta es unas de esas películas que te hace pensar desde el principio qué va a a pasar al final. Y ese final, aunque no sea tan contundente como se espera, es lo suficientemente resolutivo como para pensar desde la butacas que no hemos sido engañados.

Cinta de carácter anti-comercial, Lamb obtuvo el premio a la originalidad en el pasado Festival de Cannes además del premio a mejor película y actriz -Rapace- en Sitges. La asociación de críticos norteamericanos la añadió a su lista de mejores películas extranjeras del año por lo que es probable que la veamos en la carrera al Óscar de mejor cinta en habla no inglesa. Particularmente, esta película no la recomendaría a todo el mundo -solo a los muy cinéfilos- ya que no es cine comercial ni de culto, está en el limbo.

- Nota final 7/10 -

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