'The Florida Project', sin perder la sonrisa

En el mundo del cine independiente, la ilusión es algo difícil de encontrar. Normalmente contemplamos historias que por estar tan pegadas a la realidad, que es de por sí dramática, no son nunca cuentos de hadas. The Florida Project (Sean Baker, 2017) constituye, en parte, una pequeña excepción a esa regla. Es comedia, porque inevitablemente te ríes, pero a la vez drama; toda una rara avis dentro del género indie. Más específicamente es una coming-of-age movie, una clase de película cuya trama aborda el crecimiento de sus personajes -normalmente el paso de la infancia a la adolescencia-. En este caso, el de una niña de primaria que vive en los suburbios de una ciudad estadounidense muy próxima a Disneyworld, en la soleada Florida.

La historia se ambienta a lo largo de un verano en el motel donde esta niña, de nombre Moonee, vive con su joven madre, que se llama Halley. Las dos habitan una especie de realidad paralela en la que los problemas del día a día se sobrellevan mejor si no se piensa en ellos. En el caso de Moonee, correr y jugar por la calle, desde que amanece hasta que anochece, la convierte en una niña feliz. Mientras que a Halley, estar rodeada de críos y el consumo de drogas le mitigan la angustia de una vida sin futuro en la que lo único que importa es conseguir los dólares suficientes para poder pagar el alquiler semana a semana.

Es el sueño americano al revés, el motel Magic Castle está repleto de gente en la misma situación que nuestro dúo protagonista. Además, vivir en las proximidades de un parque temático acentúa la diferencia entre ese mundo feliz y la realidad de aquellas personas que viven en los márgenes de la sociedad. El hecho de que veamos, y oigamos, despegar helicópteros al lado del motel a lo largo de toda la película sugiere la idea de que nos encontramos en una zona de guerra, pero aquí la lucha no es por matar ni conquistar sino por salir adelante día tras día. Gran acierto este el de su director, Sean Baker, del que esta es su primera película que veo.

Es un film coral, en el que todo el reparto cumple a la perfección su rol. Moonee y Halley están interpretadas por Brooklynn Prince y Bria Vinaite, la primera una niña -tenía seis añitos cuando rodó The Florida Project- y la segunda una actriz lituano-estadounidense, cuyo debut cinematográfico fue este y que cuentan que el director la escogió para el papel tras ver unas fotos suyas en redes sociales. La cría es sin ninguna duda la gran estrella del film y es que tiene que ser difícil para alguien tan chiquitín hacer una interpretación tan buena y cargada de naturalidad. El cásting de secundarios está completado por Mela Murder, Valeria Cotto y Christopher Rivera.

A este conjunto de intérpretes de segunda línea le otorga empaque Willem Dafoe, prestigioso actor, que para ponerle cara diré que es el que hace de Duende Verde en la primera peli de Spiderman. Su papel es el del gerente del motel, el que cuida que toda esta gente viva en las mejores condiciones posibles. A su vez es el catalizador de todas las emociones de sus inquilinos y el mediador de todos los conflictos que surgen entre ellos. Un personaje muy tierno y empático que es fácil que se te quede en la retina y que además sirvió para que esta película no pasase desapercibida, ya que un actor de categoría siempre otorga visibilidad comercial y una más fácil distribución en salas.

A lo largo del metraje predomina la visión naif de los acontecimientos, de modo que la puesta en escena se aborda desde una perspectiva infantil, repleta de tonos pastel, por lo que se crea una contradicción entre la forma y el fondo, es decir, el drama de esta gente se ve con una sonrisa en la boca porque está envuelto en papel de caramelo. Luego llega un punto de rotura en la trama por el que la película se acerca más crudamente a la realidad que aborda y ese cariz cómico se transforma en algo más palpable y doloroso. Todos sus personajes cargan con las consecuencias de la crisis económica de 2008 que, bajo mi punto de vista, fue el inicio de la decadencia de occidente y es un tema que debería abordarse más, al igual que hace este film, porque ha marcado el futuro de toda una generación.

En la cinta de Sean Baker predominan los planos generales y medios y las localizaciones sencillas que le otorgan naturalidad a la trama, lo que la convierte en una película muy cercana y amena, con un desarrollo similar a un documental más que a una ficción. El mundo de colorines que se nos enseña en estos amplios planos contrasta con la contaminación y suciedad escondida; basura, edificios abandonados y grafitis, lo que constituye una metáfora natural de la sociedad estadounidense, que bajo una hermosa fachada esconde la miseria de gran parte de sus habitantes. Solo decir que el final en Disneyworld tuvo que ser grabado clandestinamente con la cámara de un teléfono.

Conclusión

La película The Florida Project, que en inglés no hace referencia a ningún proyecto sino a los barrios más humildes del extrarradio de las ciudades -conocidos como projects-, constituye un magnífico retrato de todas aquellas personas que, si bien por falta de oportunidades o falta de ganas, se han quedado fuera de los estratos altos de la sociedad. Luchan por mantener su dignidad día tras día, sin perder la sonrisa aunque las cosas vengan mal dadas. De este género siempre se han hecho buenas películas, como Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) o Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002).

En el apartado de premios, Willem Dafoe obtuvo nominaciones a mejor actor secundario en casi todas las galas; incluidas las de los Óscar, Globos de Oro y BAFTA. El reconocimiento de la crítica fue unánime al nombrarla una de las mejores películas del 2017. Todo un acierto del estudio independiente A24 que en los últimos años se ha erigido en salvavidas de todo un grupo de cineastas que ven como sus obras llegan a las salas gracias a la audacia de esta distribuidora. Actualmente, la cinta de Sean Baker puede verse bajo suscripción en Movistar+ y Prime Video.

- Nota final 8.5/10 -

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