'Dune', en busca del elegido
El mundo de Hollywood parece cada vez más perdido frente a las pujantes aplicaciones de streaming. El fiasco del verano pasado, Tenet (Christopher Nolan, 2020), se vendió como la peli que nos iba a devolver a las butacas de cine tras la pandemia, pero la cinta del director de Origen naufragó no tanto por sus números sino por la sensación de desconcierto que produjo en el espectador. Sin embargo, una nueva superproducción ha llegado a las salas para rescatar el espíritu del celuloide. Dune (Denis Villeneuve, 2021) es a día de hoy número uno en las taquillas de medio mundo, un auténtico blockbuster. Es, sin duda alguna, el estreno del año y la película más esperada de los últimos tiempos. La fecha de estreno original, prevista para noviembre de 2020, tuvo que ser pospuesta en repetidas ocasiones hasta que los ejecutivos de la Warner Bros. vieron en este inicio de otoño la ocasión perfecta para lanzar una de las películas de ciencia ficción más grande de los últimos tiempos.
Dune trae el aroma de las monumentales sagas que en su día cautivaron a los espectadores, muchos la han definido como un Juego de Tronos en el espacio o la mezcla entre El señor de los anillos y Star Wars. Pero la película que hoy nos ocupa es mucho más que eso. Para empezar, está basada en el libro homónimo de Frank Herbert, que es la novela de ciencia ficción más vendida de la historia. Esta es la tercera vez que se intenta llevar a la gran pantalla; el primer intento, perpetrado por el chileno Jodorowsky no consiguió la financiación necesaria. El segundo, realizado en 1984 por el cineasta de culto David Lynch, consiguió materializarse, pero las exigencias de la productora para acortar la duración y la falta de medios técnicos que permitiesen recrear el vasto imaginario de la novela la convirtieron en una película fallida, fracaso tanto de público como de crítica. Una cinta casi olvidada a día de hoy.
Esta vez todo apunta en otro sentido, el director Denis Villeneuve, uno de los más destacados de la última década, exigió dividir la historia en dos partes. Por tanto, esta película es solo la primera de ellas. De su éxito, que casi puede darse por hecho, dependerá que se ruede la segunda. Esta fue una exigencia primordial de Villeneuve para trabajar ya que creía imposible condensar toda la trama en un solo film sin que su metraje resultase excesivamente largo.
El argumento de Dune gira en torno al ficticio planeta Arrakis, este es un mundo desértico al que nadie hizo caso hasta que se descubrió que en sus arenas se encontraba la especia, un mineral que además de mejorar las cualidades humanas es extremadamente valioso porque ayuda a encontrar rutas seguras entre las estrellas, es decir, sin él los viajes intergalácticos serían inviables. Arrakis, que es feudo de la familia Harkonnen desde hace generaciones, pasa a ser soberanía de la casa Atreides por orden del emperador universal. Heridos en su orgullo y, sobre todo, en su bolsillo, los Harkonnen inician la reconquista de Arrakis. El único que puede salvar al desértico planeta de los malvados Harkonnen es Paul Atreides (interpretado por Timothée Chalamet), el joven heredero que es visto como el elegido, un mesías con poderes sobrehumanos que traerá la paz a esas estériles tierras.
De la trama es mejor no desvelar nada más, tan solo que el final de la película es abierto y anticlimático porque el viaje se cierra a mitad de camino, algo así como sucedía en las dos primeras entregas de El señor de los anillos. La película tiene un reparto de absoluta categoría, encabezado por el ya mencionado Timothée Chalamet y en el que destacan figuras como Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya o el español Javier Bardem, que interpreta al jefe de los nativos de Arrakis, la tribu de los Fremen, habitantes del desierto.
La difícil tarea de adaptar la novela de Herbert a la gran pantalla corre a cargo de Eric Roth, el propio Denis Villeneuve y Jon Spaihts, que dan absoluta prioridad al plano político y las luchas de poder entre familias, sin obviar el martirio interior del protagonista. La dirección de fotografía corresponde a Greig Fraser, que hace un gran trabajo. La música de la película la pone Hans Zimmer, que firma una de las bandas sonoras más poderosas, absorbentes y excitantes de la ciencia ficción. El compositor alemán, un clásico de Hollywood, recuerda con esta melodía a la que hizo para Gladiator (Ridley Scott, 2000) y le confiere a la cinta un poso místico que ayuda aún más a meterse dentro de la trama y comprender las visiones y los sueños de Paul Atreides y la responsabilidad que carga sobre sus hombros.
Pero, sin duda alguna, lo mejor de la película son sus poderosísimas imágenes, capaces de abrirte los ojos de par en par. Está repleta de planos generales en los que apreciamos la inmensidad de los escenarios y, por tanto, de la misión de tomar el control del planeta. Todo el diseño de producción (edificios, vestuario, naves espaciales, etc.) está cuidadísimo dando como resultado un film absolutamente espectacular que queda plasmado en la retina. Si me tengo que quedar con un momento épico, sería la primera aparición de los gusanos de arena gigantes devorando una cosechadora de especia.
Conclusión
Tras La llegada y Blade Runner 2049, Villeneuve se confirma como el director de ciencia ficción más importante de los últimos años. Sus películas llevan un sello de autor que pocas superproducciones de hoy en día conservan. La única pega que se le puede poner a esta película es el excesivo distanciamiento emocional con los personajes y su torpeza en algunas secuencias de pelea. Por lo demás, es un film excepcional. Y, sin duda alguna, el estreno del año.
- Nota final 9/10 -



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